En Barcelona vivía un hombre llamado Joan. Le gustaba pintar animales, perros, gatos, peces y pájaros, pero lo que más le llamaba la atención eran los ojos de los animales, a través de ellos sabía si estaban contentos o tristes, si tenían hambre o frío o si querían jugar.
Pintaba los ojos de todas las formas posibles, grandes, pequeños, amarillos, abiertos, azules, cerrados, misteriosos. No sólo pintaba ojos, dibujaba animales con tres colas, cinco ojos, dos narices, siete patas, cuatro orejas u ocho pelos.
Así fue como los animales se divertían más dentro de los cuadros de Miró que por las calles de la ciudad y no quisieron salir nunca más de ese mundo tan alegre y tan fantástico donde podían volar y jugar siempre.
En el mundo de la fantasía y la ilusión.
A Joan le gustaba mucho la naturaleza. Llamó a las flores, las hojas, los árboles y a todos los insectos para que disfrutaran del mundo de la fantasía, además llamó a las piedras pesadas y grises y les dijo: " yo os pintaré de colores para que estéis más bellas". Las pintó de color amarillo, verde, azul y naranja.
Un día Joan se llevó a todos los animales a París. Allí subieron a una gran torre de hierro y les enseñó lo inmenso que era el universo. Les presentó la luna, el sol y las estrellas.
Allí les dijo: " a partir de ahora formaréis parte de nuestro mundo, podréis viajar con la imaginación y descubriréis nuevos mundos y aventuras, porque todo esto es posible si de verdad lo deseáis."
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lunes, 1 de julio de 2013
jueves, 13 de junio de 2013
Las obras de Miró según los ojos de los alumnos de Sala de 3
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